viernes, 16 de octubre de 2009

Nuestra América

NUESTRA AMÉRICA


“La izquierda está muerta” con esta afirmación congénita, Michael Onfray, uno de los pensadores más influyentes en la teoría neoliberal de nuestros tiempos, abre un nuevo episodio en la nada eufemística “Guerra de ideologías”. Con ello, no pretende poner en tela de juicio que el socialismo, en su nada faceta distorsionada, ha dejado de existir como un “Habitus” de las prácticas sociales de nuestra clase iconoclasta. La negación de las normas y modelos del culto imperialista, sin ser de ninguna manera una forma de pensamiento contraproducente a las aspiraciones del capitalismo del siglo XXI, es evidentemente, un “Socialismo muerto”…
“Nuestra América” menos nuestra que nunca; empero, ha sido llamada a la insurrección moral. Vivimos en una plataforma nihilista… construida, elementalmente, en los asideros de la burguesía europea del siglo XIX (Véase la genealogía de la moral y el origen de la tragedia, de Federico Nietzsche) Y en efecto, quien quiera realizar un estudio socio- crítico de América Latina, tendrá que hacerlo desde puntos de vista ambilógicos. Por una parte existe “La guerra fría entre liberales y conservadores” una línea histórica, sin embargo, arraigada en nuestros países por la renuencia de una democracia implantada desde los cielos y para los cielos; esto, si hablamos en términos de poder político y parlamentario. No obstante, existen dos visiones diferentes de “Nuestra América” nacidas ambas de la promiscuidad social de las masas americanas: la visión hispanista y la visión indigenista. Esta disección ideológica responde a una decadencia moral generalizada.
La pérdida de los valores humanos del siglo XX fue anticipada por el pensador alemán Federico Nietzsche a quien se le atribuye el talento del “Buen olfato”. Para Nietzsche, la situación política y social del siglo XIX era el entremés que anunciaba la pérdida absoluta del valor humano. El nihilismo nietzscheano, en alguna medida, constituye el punto de partida de las prácticas sociales del siglo pasado.
Esta orquesta ontológica (Ontología estética) se ve reflejada en América en los albores del siglo pasado. Su punto de partida es la revolución maderista, un preludio en América de lo que pronto sería la primera guerra mundial en 1914. Para ello citemos a Martí:



“Cree el anciano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos” (Martí, Nuestra América)
A partir de esta revolución “americana”, que pronto desembocó en una común y general reforma agraria en las naciones hispanas; se produjo un rompimiento de la vieja forma positivista de ver el desarrollo cultural de una América en pleno proceso de desmitificación. La América del siglo XX es una América “Accidentada”, peleada consigo misma, enemiga de su propio pueblo, considerando la inexistente hegemonía por parte de España, que largo tiempo había renunciado a las colonias. América soñó con su independencia, y cuando por fin lo hizo de la iberia aniquilada, tuvo que humillarse ante el “Gigante del norte”. Una visión tradicional de la economía americana se superpuso en una Hispanoamérica convulsionada por las revoluciones, las dictaduras y las guerras civiles. Sin embargo, estos hechos, ahora inolvidables y fantasmagóricos, constituyeron el primer motor para una ideología de masas nacida de las entrañas de la lucha de clases; el marxismo en su fase de comunismo…
Nada nuevo nos dice Martí en su ensayo, nada que ahora se nos oculte con delicado arte. Martí es un superhombre de masas y “Nuestra América”, en su sentido más amplio y original, nos muestra a un idealista indignado, con pletórico coraje, capaz de aterrizar en el usufructo de un continente soñado…
¿Qué es América? ¡No lo se y preferiría no saberlo, de tal manera que cada vez que piense en ella me permita imaginar…!

por Fernando Paredes

1 comentario:

Carlos Cruz dijo...

sencillamente exquisito dice todo en pocas palabras , aunque siempre dirè creo en las utopias y no me resigno a vivir acomodado a un mundo capitalista y ser conformista eso jamàs!!!